UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
elpaquez@gmail.com

miércoles, 10 de mayo de 2017

PARA CREAR HAY QUE CREER

No soy muy dado a las citas, pero en esta ocasión voy a empezar con una de Albert Espinosa que viene pintiparada; "El crear y el creer está solo a una letra". Efectivamente, muchas veces somos víctimas de nuestros miedos y de nuestra propia falta de autoestima profesional, que normalmente no es todo lo alta que debiera. No creemos en lo que somos capaces de hacer, puesto que el sistema, tras muchos años de convencernos de las bondades de los libros de texto, ha conseguido que no solo nos  creamos ese paradigma, sino que además no veamos las posibilidades profesionales de las que disponemos.
No nos sentimos capaces de tomar una iniciativa que de verdad sea innovadora, sí que nos atrevemos a lanzarnos a repetir la que nos propone alguien, que curiosamente no suele estar en activo, y como mucho, podemos adaptarla a nuestra realidad. No es mala cosa, es positivo, puesto que tras cualquier proceso de adaptación metodológica se encuentra una profunda reflexión, y por lo tanto una evaluación de nuestro proceso educativo, pero somos capaces de ir mucho más allá.
Ya digo, es  positivo ser capaces de liberarnos de nuestro primer yugo profesional, el de las guías del maestro, que a veces en lugar de apoyarnos, nos ahogan. Eso sí, siempre por utilizar un falso concepto de nuestra profesión. Pero queda un segundo yugo, esta vez mucho más difícil de retirar y incluso de admitir, el de nuestra propia autoconfianza y el de la confianza en los compañeros cercanos. Nos bombardean a cursos de formación con etiquetas "innovadoras", que además suelen usar términos en inglés para darle una falsa apariencia de cientifismo barato. Parece que  escuchar a alguien que se ha creado, o le han creado un aura pedagógica en las redes sociales, y creer que los métodos que nos propone son infalibles y que van a dar un resultado mágico, es adaptar nuestros recursos profesionales desde una base sólida. Sin embargo, las pequeñas aportaciones que nos hacen, desde su trabajo diario, los compañeros de la clase de al lado, nos pasan inadvertidas, cuando realmente, son las más fáciles de implementar. Pero claro, nuestro compañero/a no es un gurú educativo que dicta sus sentencias metodológicas desde las redes sociales. Se da el caso de que hay centros que informan sobre una determinada metodología que algunos compañeros/as han adquirido a través de un curso de formación externo, y sin embargo, docentes que la están llevando a cabo en el mismo centro, adaptadas a las idiosincrasias particulares de ese colegio, pasan inadvertidos para el resto de compañeros/as. Preferimos obtener información desde fuentes foráneas, que muchas veces, no tienen un auténtico soporte en la realidad, a contrastar su funcionamiento, aunque sea desde una práctica heterodoxa, del manantial que tenemos a nuestro lado. De todas formas, ¿quién dicta la ortodoxia de una metodología educativa? Evidentemente quien la está llevando a la práctica, puesto que cada puesta en práctica no deja de ser un método nuevo, eficaz o no en un momento y lugar determinados y concretos.
Es como si al lado de una fuente pirenaica, nos diese por beber agua embotellada, y no nos percatásemos de que podríamos habernos ahorrado el transporte de la misma bebiendo un agua más sana y natural además.
Debemos creer en lo que queremos hacer, debemos liberarnos de los miedos al fracaso, por algo evaluamos el proceso, para realizar las adaptaciones que surjan y que sean necesarias, incluso para abortarlo si dicha evaluación es muy negativa y comenzar usando otro enfoque metodológico. Lo dicho al crear y  al creer tan solo les separa una letra. Tan solo lograremos realizar acrobacias si somos capaces de pensar que podemos lograrlo. Pero sin duda, nos sentiremos más seguros si le vemos realizar una parecida al compañero que tenemos al lado, mucho más que si la hemos visto hacer en un video, en una condiciones diferentes a la mía, aunque pueda ser el campeón del mundo.






IMAGEN ALBA LAMUELA