UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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lunes, 2 de enero de 2017

LOS DOCENTES NO TENEMOS QUE SER HÉROES, NOS BASTA CON SER PROFESIONALES.

Estos días llegan un montón de mensajes a través de las redes sociales felicitando el año nuevo y las navidades, son mensajes prefabricados que dependiendo del éxito que tengan, pueden llegar varias veces por diferentes conductos. No me gustan mucho, pero los agradezco, puesto que suponen un recordatorio de cariño desde las personas con las que tienes relación. 
También están llegando otros donde se magnifica la labor de los docentes mostrándonos poco menos que como héroes. Estos últimos me gustan bastante menos. Parece que la labor que realizamos es una proeza, que las tareas vinculadas con nuestra labor profesional sean más prestaciones sociales desinteresadas,  que las propias de la profesión que ejercemos. Es cierto que la nuestra, como el resto de profesiones, se puede desarrollar bien o mal. Es también verdad, que basta con un docente que realice su labor de malas maneras, para que se generalice esa posición y se extienda al resto del colectivo. Pero no nos engañemos, eso pasa en todos los sectores profesionales. No creo que acudir al centro flexibilizando tu horario para amoldarte a las necesidades laborales de los padres de cara a una entrevista sobre su hijo, el preparar tu labor con los materiales adecuados a cada situación, el desplazarte a la localidad donde ejerces tu profesión, el gestionar una excursión, y el formarse para ser cada vez mejor docente, tenga más valor que el trabajo realizado por el peón que construye la carretera, el médico que acude a un congreso, o el carnicero que antes de abrir todas las mañanas prepara las hamburguesas para que estén preparadas a la hora de la llegada de los clientes. Creo, que el pensar de esta manera sobre nuestra labor, no es en absoluto positivo. Es cierto, que debemos realizar nuestra función docente de la mejor manera posible, somos profesionales, como tal debemos actuar, ya lo he comentado en otras entradas; pero el hacerlo con la dedicación necesaria, no es actuar como prohombres, es actuar como ciudadanos, y ni siquiera ejemplares, tan solo  buenos ciudadanos.
Si nosotros no tenemos ese concepto claro, malamente podremos hacer que los niños/as lo aprendan. Ser profesional es eso, cumplir con tu obligación de la mejor manera posible, y más, si en el desarrollo de tu labor se influye sobre personas, como es nuestro caso, pero no podemos olvidar que  también se da en otras muchos, como la de un tendero, un médico, un abogado, o mil más .
Quizá, el caso contrario nos obligue a magnificar nuestra labor de vez en cuando para poder aumentar nuestra autoestima profesional, y es que las sociedad no nos valora en exceso y se habla tan solo de nuestras vacaciones, de nuestro horario de trabajo, de nuestra seguridad laboral, esto se da tan solo en algunos casos, o de nuestro sueldo. La sociedad y nuestro país, caminan hacia una precariedad que hace que se vean con cierta envidia algunas situaciones laborales que no han caído todavía en la precariedad. Y el ser humano es así, si no puede tener algo, no soporta que un conciudadano sí que lo tenga;” o yo o nadie”. Así de triste es la realidad, pero no por eso podemos ponernos como paladines de la dignidad humana por el mero hecho de ser docentes, puesto que repito, como en todas las profesiones los hay muy buenos y muy malos. Lo que debemos hacer es demostrar nuestra profesionalidad, para que la sociedad empiece a valorarnos por lo que somos, y el andar se demuestra andando. Un profesional, es aquel que es capaz de resolver un problema por muy concreto y difícil que sea, saliéndose de una actuación generalizada que pueda realizar cualquier otra persona. Si los docentes nos empeñásemos en ser  profesionales nos bastaría, no necesitaríamos ensalzar nuestra labor de forma artificiosa, puesto que si lo hacemos solo vamos a caer en generar el efecto contrario, rechazo por la fanfarronería que emana de resaltar una labor por encima de las demás. Además está el poder caer en el error de pensar, que la pertenencia a un gremio,  puede tapar la incapacidad profesional a nivel individual, que también puede darse  en algún caso.

Yo puedo repetirme mil veces que soy un gran músico. Pero mientras no obtenga los aplausos del público no será una realidad.


IMAGEN ALBA LAMUELA