UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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lunes, 6 de junio de 2016

¿ SON LOS PREMIOS EDUCATIVOS UN ACICATE REAL PARA LA MEJORA DEL SISTEMA?

Recuerdo que cuando otorgaron la medalla del Congreso de los EEUU a José María Aznar, y apareció la noticia de  que se había pagado a un lobby norteamericano para que se llevase a efecto, comprendí de repente el poco valor que tenían estas condecoraciones. Si debes postularte para que tu labor sea reconocida, no lo va a ser tanto por la labor en sí misma como por el empeño que se haya ejercido para la promoción de dicho reconocimiento.
Lo mismo pasa con los premios Nobel, hay que llevar a cabo una labor de patrocinio importante antes de recibir la distinción. Y miremos lo premios que miremos. nos vamos a encontrar con esta vicisitud. Entonces tendremos que concluir que no se premia a los mejores sino a los mejores que han sido bien patrocinados.
No quiero decir con esto que los que reciben las distinciones no sean merecedores de las  mismas, nada más lejos de mi intención, todo lo contrario, tan solo que debemos ser conscientes que hay otras muchas personas, tan merecedoras o más del premio, como los que al final lo consiguen.
Esto llevado al mundo de la educación puede tener consecuencias perniciosas. Se trata de valorar el trabajo diario, por el que recibimos una remuneración, o sea nuestra profesión. Estamos obligados moralmente y por contrato a realizarla de la mejor manera posible, y más en una labor como la nuestra en la que estamos tratando con personas y con su futuro. No se cuestión pues de alabar y poner en positivo una labor altruista que hacemos desinteresadamente.
 Cuando se concede a un docente un premio por su labor profesional, se le está otorgando un refuerzo positivo, un acicate que va a lograr que se motive y se vuelque más todavía en su trabajo, hasta aquí la parte positiva. Pero nos vamos a encontrar con otros muchos docentes tan buenos o mejores que el premiado, que se van a sentir minusvalorados en su labor, que ni siquiera ha sido tenida en cuenta, puesto que es desconocida totalmente. Es cierto que nuestra profesionalidad nos obliga a seguir adelante con el mismo tesón y entusiasmo, pero la gota va llenando el vaso y al final se siente una desazón, que no es lo mejor para avanzar en el proceso de innovación.
Para que los premios tuviesen un verdadero efecto motivador deberían poseer  un carácter general, todos los docentes deberían tener posibilidad de acceso a los mismos de facto, sin necesidad de labor promocional alguna, sin necesidad de ser postulados para conseguirlos. No es tan difícil de conseguir esta premisa, la claves es la EVALUACIÓN DOCENTE. Si la labor de los maestros/as pasase un filtro evaluador a través de servicio de inspección, regulada de  forma  coherente (ya lo hemos tratado en entradas anteriores) y donde fuesen los inspectores los que propusiesen las mejores prácticas docentes una vez analizadas todas y cada una, los premios tendrían muchísimo más sentido, y sí que alcanzarían ese carácter de motivación general.
He pertenecido a varios clubes deportivos y a final de temporada siempre se realiza la entrega de premios a los/as mejores deportistas. Allí todo el mundo conoce la labor del resto de integrantes del club y sí que se puede realizar una valoración general, aunque se pueda estar en disconformidad con la adjudicación de los premios, todo el mundo sabe que su labor ha sido tenida en cuenta.
Somos humanos y no es cuestión de envidias, es cuestión de autoestima, ver como a alguien se le da un  premio por una labor docente innovadora parecida a la que estás realizando y que la tuya no es que no se haya valorado positivamente, sino que ni siquiera se conoce pues...
Por eso aprovecho para poner en valor la necesidad de una evaluación docente eficaz, no vale con cubrir el expediente como se hace con otras muchas cuestiones. Es más se debería poder utilizar estos premio  para dotar con recursos a los docentes que mejor los utilicen y que sean capaces de obtener un mayor rendimiento de los mismos. No podemos olvidar que se trata de dinero público, dinero de todos/as y que no estamos en condiciones de desaprovechar.
Si quisiésemos premiar la calle más bonita de un municipio ¿deberíamos visitar todas, no?