UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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lunes, 13 de junio de 2016

LA INNOVACIÓN Y LA DISTRIBUCIÓN DE TIEMPOS ESCOLARES DEBEN IR LIGADOS A LAS CONDICIONES DEL AULA.

El calendario escolar y la decisión de la comunidad cántabra de aplicar un criterio escolar y no religioso a la distribución de los días de clase de los niños/as, está marcando la actualidad. Ayer sin ir más lejos estaba en un bautizo y mi tío me preguntó por el tema con verdadero interés.
Lo primero es señalar que no se deja de lado el aspecto cultural que tiene la tradición, la Semana Santa y la Navidad se siguen respetando, y creo que al menos en el periodo navideño podría haberse recortado un poco más, por aquí no tiene que haber ningún problema, pero claro cuando se le quieren buscar tres pies al gato seguro que se encuentra. Conozco cófrades muy convencidos de que debería articularse de fiesta siempre la Semana Santa y no la de Pascua para que los niños/as pudiese acudir a la totalidad de actos que organizan las cofradías de forma descansada y centrados totalmente, y que no lo pueden hacer si han tenido clase previamente, aunque el horario no coincida.
Por otro lado estoy leyendo con perplejidad las declaraciones que sobre el tema se están vertiendo desde FAPAR, donde en principio se están negando en redondo a la posibilidad de cambio, sin considerar en absoluto el ritmo escolar de los niños/as pequeños, amparándose en la conciliación de la vida familiar. En este tema puedo estar de acuerdo, y SORPRENDENTEMENTE también argumentan que hay que hacer una consulta amplia a las familias. Imagino que en la misma consulta se les podría preguntar por el apoyo al cambio de tiempos escolares en cuanto al horario, y que decididamente no coincidía con su postura a la hora de apoyar la Orden que se publicó. Me sorprende que antes de verter esta opinión no se haya lanzado un comunicado en el que hubiese una rectificación de postura, tras el porcentaje que se obtuvo en las votaciones.
Es cierto hay que preguntar a las familias, pero aquí sí que hay factores externos que hay que tener en valor, no en cuanto a la distribución de los periodos vacacionales a lo largo del curso, sino en cuanto a la fecha de inicio y final del calendario. El factor importante que hay que contemplar es el clima. La temperatura en los meses de junio y septiembre no es la misma en Santander que en Zaragoza y no quiero decir ya en Sevilla. La única posibilidad de que este factor fuese baladí sería la equipación de los centros con una climatización adecuada, pero claro estamos hablando de una inversión importante, que si se hubiese planteado poco a poco, no sería un problema, pero nadie parece querer entender que meter a los niños/as en una clase de dimensiones reducidas y con el calor subiendo la temperatura interior del aula por encima de los treinta grados, pues no es muy adecuado. La situación que acabo de describir es real, no es un ejemplo imaginado, en mi centro, en los últimos días de curso, los cañones proyectores se sobrecalientan por la temperatura ambiente. Es cierto que hay que buscar una racionalización del calendario, que debe favorecer la conciliación de la vida familiar, pero lo primero a realizar es lo que es técnicamente posible y se trata una adecuación de las condiciones de las aulas para gestionar el mejor rendimiento escolar. Podemos hablar de favorecer la innovación, de facilitar la mejora de los procedimientos, pero hasta que no dispongamos de condiciones, ya no óptimas, sino simplemente aceptables, no podremos soñar con dar un paso adelante. No es tan difícil, y a pesar de ello no veo nunca a FAPAR protestar por las condiciones físicas de los niños/as en las aulas, salvo cuando  se habla de barracones, pero eso tiene repercusión mediática, no sé si tiene algo que ver.
Lo dicho podemos hablar de innovación, de tiempos escolares, de racionalización de calendario, pero mientras no contemplemos que no haya que dar clase a treinta y dos grados... estaremos otra vez construyendo la casa por el tejado.