UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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lunes, 23 de mayo de 2016

ENTRE LA INNOVACIÓN Y LA NOVEDAD ESTÁ LA EVALUACIÓN

En estos momentos hay una ebullición de ideas en el mundo educativo, con un  ingrediente mágico que es la innovación, pero tenemos que tener cuidado a la hora de otorgar este título. Es la palabra clave, una vez que la has mentado, los argumentos que puedan surgir en contra de la teoría que se propone, quedan empequeñecidos por una extraña ley no escrita. Está mal visto ir en contra de lo se ha tildado como innovador.
Podemos tener un montón de ideas para llevar al aula, en un principio no podemos calificarlas salvo de ocurrencias. No quiero decir que sean algo negativo, ni mucho menos, de estas primeras ocurrencias es desde donde luego nacen las ideas innovadoras.
Nosotros aplicamos un filtro  a las primeras propuestas, y las vamos matizando hasta llegar a la práctica innovadora, tanto a nivel organizativo como pedagógico, que intentamos poner en marcha.
Pero tenemos siempre en mente una idea que es clave, EVALUACIÓN, y debe ser constante y precisa, se tiene que basar en hechos constatables y cuantificables, si no es así pierde gran parte de la validez que pretendemos otorgarle.
Si planteamos una propuesta novedosa e innovadora en nuestro centro, como pueden ser los grupos flexibles, debemos realizar continuos ajustes que nos permitan afinar la eficiencia de la propuesta.
Podríamos caer en la tentación de basarnos en la opinión de los compañeros/as como herramienta de feed-back, y lo hacemos, pero no de forma exclusiva. Ahí está la importancia de esta evaluación, debemos encontrar elementos cuantificables. Nosotros/as en este caso utilizamos el desarrollo de las calificaciones del IES de referencia en la primera evaluación del primer curso de la ESO.
Cada año el instituto nos las remite, y con ellas hacemos una estadística de la evolución de estas calificaciones, tanto en términos absolutos, como en referencia a otros alumnos/as que no han pertenecido a nuestro colegio.
También las pruebas de diagnóstico de cuarto antes, y de tercero ahora, pueden servirnos para medir esta labor. Nos dan un baremo preciso  de  la situación actual de nuestros niños/as, y a lo largo de los cursos podemos calibrar la eficiencia de nuestra medida de innovación organizativa.
De la misma manera, intentamos evaluar todas las medidas innovadoras que aplicamos en su vertiente pedagógica, por ello nos tomamos muy en serio la evaluación. La utilización de la herramienta calificadora, y la obtención a través de ella de una calificación competencial bastante fidedigna, nos revela así mismo datos interesantes que nos hacen analizar el proceso educativo en forma conjunta.
Muchas veces los maestros no buscamos precisión en la evaluación de nuestra labor, y es muy importante utilizar instrumentos que den validez científica a lo que estamos desarrollando.
Si llevamos a la práctica la coevaluación entre docentes que planteé en una entrada anterior, no puede estar marcada  exclusivamente por posteriores comentarios subjetivos entre maestros/as. La observación debe seguir unas pautas marcadas previamente y que nos dirigen hacia la observación de unos determinados elementos significativos, basándonos en varias y diversas herramientas e instrumentos de evaluación.
Es la rigurosidad en el proceso de evaluación de las ideas innovadoras que pueden ir surgiendo, la que les va a otorgar ese carácter de necesaria rigurosidad científica. Sin él no tendremos ideas innovadoras, simplemente serán nuevas, pero inútiles si no demostramos que son eficaces.
Si planteamos seguir un nuevo camino, debemos tener muy claro el final, puesto que si es un camino en la niebla, seguramente acabaremos perdiéndonos.
IMAGEN: http://enfocandoaalba.blogspot.com.es/