UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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jueves, 19 de mayo de 2016

MÁS POSIBILIDADES QUE NOS DARÍAN LAS VISITAS A LAS AULAS DE NUESTROS COMPAÑEROS/AS

En la entrada anterior comentaba la posibilidad de entrar en las aulas de otro compañero/a como método de formación ágil, barato y eficaz. Desde luego que habría que superar ciertas barreras culturales y organizativas, pero no me parece demasiado difícil de conseguir. Dándole vueltas a algunos de los comentarios vertidos, me percaté de que sería posible dar una vuelta de tuerca a la medida organizativa para reforzar la eficiencia de la misma. Los maestros/as hablamos sin cesar de la evaluación, de nuevas formas de llevarla a cabo, sobre todo en la que se refiere a los alumnos, pero a la hora de hacer la valoración del proceso y de nosotros mismos/as somos más perezosos y menos originales.
Se comenta la importancia de la autoevaluación y de la coevaluación a la hora de calificar la capacidad y el desarrollo competencial de los alumnos/as, ¿por qué no aplicarlo al proceso y a los docentes? La primera no necesita demasiada infraestructura, una rúbrica puede servirnos, pero siempre está la distorsión de la subjetividad que conlleva en sí misma. Sin embargo la coevaluación cumple casi los mismos objetivos y se trata de algo mucho más imparcial.
Si en los horarios de los docentes hemos contemplado la posibilidad de que puedan acudir a las clases del resto de compañeros/as como medida formativa, organizándose por Jefatura de Estudios para que estas visitas circulen por la mayor cantidad de docentes posibles ¿no sería lógico que además de formarse observando estrategias y metodologías, pudiesen simultáneamente realizar una evaluación de lo que están observando a través de una rúbrica pactada previamente por el claustro?
A mí me parece que sí, sería muy enriquecedor para ambas partes. No voy a entrar si esta evaluación debería tener una consecuencia administrativa o no, que conste que a mi entender sí que se le podría dar, siempre me he mostrado a favor de la superación de una evaluación de la práctica docente por parte del cuerpo de maestros/as. Creo que sería mucho más eficaz que la que pueda realizar un inspector, que no conoce la realidad tan bien como quien está codo a codo contigo. Se puede esgrimir que las filias y las fobias tendrían que filtrarse, pero para eso existen procedimientos que limpian los resultados.
Pero dejémonos de lo administrativo, que es importante pero en menor medida, centrándonos en la mejora de nuestra labor docente, una buena evaluación por parte de los compañeros/as nos daría un rápido feedback de todo nuestro proceso de una forma muy eficaz y rápida. Simultáneamente nos facilitaría una posibilidad de estrategias, que nos proporcionarían tras la visita basándose a su vez en su experiencia, ante problemas concretos que no nos hemos planteado, sirviéndonos a su vez de formación. La formación fluiría en los dos sentidos, enriqueciéndonos mucho más profundamente. Tanto el maestro/a visitado como el visitante obtendrían una mejora en sus esttategías educativas.
¿Y el coste de esta medida? Pues una o dos sesiones semanales de  cada maestro/a. Con esta libranza horaria se podría organizar de forma sistemática por parte del equipo directivo. Consiste en abrir una nueva puerta donde antes había un muro. La innovación consiste en adaptarnos a lo que tenemos, no en plantear soluciones irrealizables en el contexto en el que nos movemos.