UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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jueves, 14 de abril de 2016

LOS SEXENIOS, O LA SIEMBRA EN UN CAMPO CON GAVIOTAS.

Desde hace bastante tiempo, los maestros recibimos un complemento de formación. Cada seis años ese complemento va aumentando, los llamados sexenios. Para poder recibir dicha cantidad a final de mes, se deben acreditar cien horas de formación recibida durante ese periodo de tiempo. Es verdad que dicha formación tiene carácter voluntario, y se recibe fuera del horario laboral, lo que supone un esfuerzo de los docentes. Por otro lado, también es cierto, que la Administración a través de los CIFEs, pone a disposición de los mismos un montón de cursos gratuitos, por lo que  no tiene que ser  gravosa económicamente. También hay que reseñar que se puede realizar a través de plataformas on line, lo que facilita el acceso, a pesar de no residir en la misma localidad donde está ubicado el CIFE.
En principio, y reflexionando sobre el planteamiento inicial, debería funcionar bien, y tendría que ser un motor de la innovación educativa. Se da facilidad a los docentes para formarse, podrían tener más si esta formación fuera en horario laboral, (aunque aquí surgiría el tema de las siete horas semanales de trabajo en casa, lo tocaremos otro día), y está formación viene premiada con un complemento económico en la nómina.
Sin embargo, no se ven los resultados después de muchos años desde la puesta en marcha del sistema. La innovación no es algo que sea palpable en la mayoría de los centros escolares. Es más, si pusiésemos un video de un colegio hace veinte años y ahora, seguramente salvo en la ropa de los maestros/as y alumnos/as, veríamos muy pocos cambios. Pero en los cursos, el mantenimiento de los  CIFEs se ha invertido mucho dinero. Dinero al que se le está sacando una rentabilidad muy reducida, muy escasa, y no podemos olvidar que es dinero de todos/as, es dinero público.
La cuestión está en la motivación de esa formación. Los docentes la realizan, en la mayoría de los casos, para cubrir el expediente, para que su nómina se vea aumentada al final del sexenio. Por otro lado es una motivación muy lícita, por muy vocacional que sea nuestra actuación profesional, no podemos olvidar esto último, es profesional,  o sea nos mantiene y vivimos de ella.
A modo de ejemplo, conozco casos de colegios que han pedido un curso de taichí, que les sirve como formación para la adquisición del complemento, y cuyos maestros/as ni remotamente tenían intención de trasladar al aula los conocimientos adquiridos. Esta situación es la que se ha venido repitiendo a lo largo de los años. Lo que no ha habido es una evaluación de la puesta en práctica de dicha formación. Puedo entender que después de formarte sobre algún tema en concreto, no te haya parecido útil para tu práctica docente diaria, pero eso debería de ir acompañado de un informe posterior, explicando las razones, para que pueda servir a compañeros que estén pensando en formarse en el mismo tema, incluso para la planificación futura de los CIFEs.
Esa es la cuestión, si nos hemos gastado un dinero en una formación, luego hay que vigilar que  sea útil en el aula. Debería estructurarse esta evaluación de resultados, no quedarnos tan solo en que se ha impartido y que por la buena voluntad de los docentes se llevará a cabo.  La realidad nos demuestra que no es así, por lo tanto no queda otra que modificar el sistema. Es como si sembrásemos en un campo lleno de gaviotas, por mucho dinero que nos gastemos en semillas, crecerán muy pocas plantas,no eran ni el lugar ni la forma apropiados.


 Imagen: http://enfocandoaalba.blogspot.com.es/