UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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lunes, 25 de abril de 2016

LOS MAESTROS/AS NO VOLVEMOS A PISAR LA FACULTAD: ALGO FALLA.

En teoría la Universidad debería ser la impulsora de la innovación educativa. Los docentes universitarios tienen un tiempo semanal dedicado a la investigación y deberían estar al tanto de las últimas novedades en cuanto a la práctica educativa. Deberían visitar los centros que están llevando a cabo programas educativos innovadores y novedosos, para poder hacer de correa transmisora entre la escuela y sus alumnos/as, no podemos olvidar que serán los próximos docentes.
Si todo funcionase según esta lógica, los maestros/as deberían tener a la Facultad de Educación como referente en su formación permanente, sería lo normal, pero nada más lejos de la realidad.
Cuando los alumnos/as de prácticas acuden al colegio, recibimos un correo electrónico desde la Universidad, comunicándonos el nombre del tutor/a de las prácticas. Los maestros que ejercen esa labor en el colegio, reciben un comunicado por correo, donde se presentan y les aclaran las cuestiones de inicio. Si la persona que examina y califica, no está en contacto con el alumno/a, debería por lo menos visitar el centro y tener un diálogo fluido con el que ejerce la tutorización en el colegio. Tampoco es así, y sin embargo se califica en torno a un trabajo escrito que no clarifica en ningún momento la verdadera capacidad del universitario/a como docente, lamentable. Esta anécdota define la relación actual entre la Universidad y el resto de etapas educativas.
He tenido en mi familia recientemente alumnos universitarios en la Facultad de Educación, lo que me han transmitido es dantesco, han tenido la misma formación que recibí yo hace treinta años. Algo falla, pero falla de forma alarmante, y nadie le pone veto. Es cierto que las generalizaciones son fatales, y que hay profesores/as universitarios que están en constante renovación, pero no son mayoría, ni muchísimo menos.
Propuse en una entrada anterior que las áreas de didácticas podrían ser impartidas por maestros en activo, que fuesen liberados una horas a la semana para poder acudir a la facultad. De esta forma, los alumnos universitarios tendrían de primera mano soluciones reales a las  situaciones de conflicto y problemáticas de carácter diario que se producen en los centros.
En las materias más pedagógicas, los profesores/as universitarios deberían ser referencia del colectivo docente. Deberían comprender que el educativo es un mundo en ebullición, más todavía con la implantación y el uso de las redes sociales, vehículo de intercambio de experiencias y proyectos. He comentado antes que las facultades por las tardes deberían ser un centros de formación para los docentes en activo, suplantando si es preciso a los CIFEs en ese cometido. Quedando los mismos para la realización de seminarios e intercambio de experiencias, coordinación de los COFOs de los centros de su ámbito, y estimulación de la innovación educativa en coordinación con el servicio de Inspección, que es quien detecta las necesidades reales de los colegios a su cargo.
 Serían los asesores de los CIFEs los que deberían ponerse en contacto con la Facultad para sugerirle los temas en los que se precisa formación por parte de la comunidad docente, y desde aquí impartirla. No debería ser necesario acudir a ponentes externos salvo casos muy concretos, puesto que los docentes universitarios deberían dedicar su tiempo a formarse y extender las nuevas tendencias que se consideren más relevantes.
La realidad es otra, ningún docente en activo vuelve a pisar la facultad de Educación, es más, la mayoría reniega de ella, como un periodo de su vida que ha tenido que cubrir, para poder ejercer en la profesión que le gusta. Un trámite para obtener un título y comenzar a aprender en el contacto con el aula.
Sería necesario un replanteamiento integral de todo el sistema, remover toda la estructura y empezar a construir una formación del profesorado real, en contacto con la actualidad y desde la experiencia con los niños/as. Ahora debemos ver quien le pone el cascabel al gato.
Se trata de un camino durísimo, pero que no podemos evitar su recorrido, aunque vayamos descalzos.


 Imagen: http://enfocandoaalba.blogspot.com.es/