UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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lunes, 14 de marzo de 2016

LIBERACIÓN DEL COMPROMISO DIRECTIVO.

Fui el otro día a ver un concierto de Vieux Farka Touré, disfruté mucho escuchando su música, y mientras estaba ensimismado con las notas, mi mente se trasladó al mundo escolar.
La actitud del músico maliense me impactó, una estrella musical en su país, hijo de un mito de la música africana, acostumbrado al éxito y a tocar delante de gran cantidad de gente, estaba aquí, en un pequeño teatro de Zaragoza, ante poco más de cien personas, y no parecía importarle el número de los asistentes. Tuvo algún problema con la producción, el pedal no funcionaba muy bien, y fueron varias las veces que se interesó por la mejora del sonido.
Uno podría pensar que un afamado guitarrista, como es él, podría haberse desentendido de la calidad de la actuación al ver el número de asistentes, haber cubierto el expediente, cobrar su caché, y continuar con la gira. Pues no, en absoluto, el trío de músicos se dejó la piel, incluso se obsesionaron un poco por que los asistentes participásemos de una forma un poco más activa.
A pesar de la avanzada media de edad del público, una pareja acudió con su hija de tres o cuatro años, cuando Touré pidió a los asistentes que bailásemos en la platea, la pequeña ni corta ni perezosa, se puso a danzar al ritmo de la música. El intérprete que la observó, se volcó con la niña, y comenzó a tocar para ella. Los niños tienen algo de especial que hace que implementemos nuestro esfuerzo al máximo, y eso es lo que le pasó al maliense, si su música era intensa, en aquel momento fue espectacular.
Traspasado a la escuela, debemos de tener algo de esta actitud, en el aula, y en la dirección de los colegios. Es verdad que tenemos derecho a cansarnos, es verdad que nadie debería quitarnos la posibilidad de dejar el puesto directivo en un momento dado  si la desmotivación ha podido con nosotros/as. Pero a lo que no tenemos derecho, es a dejar que nuestra labor sea anodina, y mucho menos en contacto con los niños/as. Todo lo contrario, la interacción con los alumnos/as debe ser nuestra mayor motivación, como el otro día lo fue para Touré.
En cuanto a la labor directiva, deberíamos  realizar una autoevaluación rigurosa al final de cada curso.  Si, como he dicho antes, la desmotivación y el cansancio, no podemos olvidar que somos humanos, han podido con nosotros,  deberíams poder plantear a la Administración la necesidad de un relevo, y que pudiera ser con carácter de urgencia. Lo digo, porque  lo que no puede darse es la desgana en las personas que deben contagiar entusiasmo. Y marco los finales  de curso como fecha clave. Entiendo que a una situación emocional de este calibre no se llega de un día para otro, entiendo también que es algo que se va forjando poco a poco con el paso de los días y de las situaciones difíciles. Por tanto debemos madurarlo, debemos ir tomando una decisión, pero, hasta que llega la fecha clave, hay que aguantar el tipo, hay que darlo todo en el escenario, porque tenemos a niños/as bailando con nosotros. No podemos  ni debemos defraudarles, aunque sin la posibilidad de una marcha atrás anual, es muy difícil saber aguantar sin desánimo. No estaría de más, que la Administración se plantease abrir la posibilidad a relevos dentro de los equipos directivos con carácter anual, a pesar del periodo cuatrienal de los nombramientos.