UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
elpaquez@gmail.com

jueves, 4 de febrero de 2016

JORNADA CONTINUA 5. OPORTUNIDAD PARA INNOVAR

Parece que la Orden de organización de tiempos escolares quiere conectar la innovación educativa con el posible cambio de jornada de los centros. Como idea es algo plausible si queremos un cambio que sea para buscar una mejora en el quehacer educativo de los colegios. Aunque el cambio de jornada sea una innovación en sí misma, los cambios de hábitos y la optimización del tiempo familiar  lo justifican por si solos, no es mal momento para intentar que los centros se decidan a dar un paso más allá.
Muchos de los docentes realizan actividades que son innovaciones, aunque ellos no sepan bien que lo son. Cuando en un colegio optan por solucionar un problema concreto, con una solución optimizada y adaptada a su realidad concreta, están innovando. Cuando un docente adapta una técnica metodológica para intentar ayudar a un alumno/a a superar una situación, o cuando lo hace adaptándose a un grupo que tiene una problemática especial, está innovando. A veces las cosas más sencillas pueden darlos unos resultados favorables y duraderos, pero como es algo que nos parece poco reseñable, no lo comentamos ni compartimos por miedo a que nos señalen como presuntuosos.
Volviendo a la primera reflexión, me parece bien que se liguen las dos posibilidades. Diferentes colegios se plantean un proyecto de cambio de jornada, donde las sesiones se trasladan de la tarde a la jornada de mañana sin plantearse ni siquiera una adaptación de la duración de las mismas.
Parece lo más lógico  que si no tenemos el corsé de los noventa minutos de la jornada de tarde, las sesiones se uniformen a una duración única de alrededor de cincuenta minutos. Pues hasta eso da vértigo a veces, y el planteamiento se convierte en tres sesiones de hora y dos de cuarenta y cinco minutos, para que suponga el menor cambio de nuestras prácticas actuales. Esto no tiene sentido, si creemos que pedagógicamente es bueno un cambio de tiempos, hay que adaptarse a los mismos para una optimización en los resultados escolares de nuestros alumnos/as.
Si nos cuesta dar ese mínimo paso, que es igualar la duración de las sesiones, es porque nos sentimos incómodos con los cambios. Si nos sentimos inseguros ante situaciones nuevas, lo mejor es permanecer como estamos y dejar las cosas como están. Por lo tanto si de verdad apoyamos un cambio, es porque queremos buscar nuevas soluciones a situaciones que creemos son susceptibles de mejora. Tenemos que plantearnos que vamos a sacarle todo el partido posible a la nueva situación, que vamos a intentar encontrar nuevas soluciones que  por normativa no podíamos llevar a cabo hasta ahora. Quizá sea el momento de intentar dar ese salto mortal que siempre decíamos era imposible porque la administración nos lo impedía.
Pero si ahora es el momento de dar ese salto adelante, ¿estamos dispuestos de verdad a darlo? ¿Nos lanzaremos hacia la innovación o nos mantendremos en la zona de confort que nos ofrece lo habitual y cotidiano? No lo tengo muy claro, creo que hace falta una dosis de entusiasmo que es difícil de insuflar.
 A pesar de que sea el momento de dar el paso adelante, nos tienen que poner una red de seguridad. Y esa red es la que da la buena información. Aunque estemos ante una buena iniciativa, no está lo suficientemente explicada, los colegios, y me refiero a claustros y padres, no tenemos nada claro lo que pretende la Administración. Se hace necesaria y urgente una explicación a todos los equipos directivos. En esa reunión se debe concretae muy bien como va a ser el proceso. Se debe explicar la oportunidad que supone para intentar cambios organizativos y metodológicos, y que se facilitará lo necesario para adaptar la normativa y facilitar esos cambios.  Ahora puede ser el momento.  Estamos en el punto de insuflar ilusión y que los directores puedan transmitírsela a los claustros y alas AMPAs. Puede que al principio pueda causar asombro, incluso vértigo, pero es la forma de iniciar un cambio hacia una auténtica autonomía de los centros, y una adecuación de la normativa a las necesidades concretas, facilitando con ello las prácticas innovadoras.
Seguramente cuando se vea así dé miedo, incluso pavor, pero si no se rompe el hielo y se explica claramente, nadie se decidirá a dar ese paso de verdad. Si el cambio en la organización de tiempos escolares es capaz de motivar a algún centro a plantearse soluciones innovadoras para afrontar sus problemas con la ayuda de la administración educativa, habrá merecido la pena. Es mucho más fácil de lo que parece, puesto que en nuestro día a día innovamos, solo es dar un paso más. Es cuestión de que la Administración sea capaz de tender esa red de seguridad, que aplaque nuestros miedos.

 Imagen: http://enfocandoaalba.blogspot.com.es/