UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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jueves, 25 de febrero de 2016

EN LA ESCUELA MAESTROS/AS Y ALUMNOS/AS APRENDEMOS UNOS DE OTROS.

A veces los maestros tomamos un papel en la escuela que no es del todo real. En el tiempo escolar, como en el resto de momentos de la vida, estamos sujetos a interacciones constantes con las personas que nos rodean. En los centros tendemos a definir los roles de una forma absoluta y caemos en un profundo error.  Creamos estereotipos fijos, la figura del maestro/a es la que tiene la función de enseñar y la del alumno/a la de ser enseñada.
 Para empezar no creo mucho en la palabra enseñar, me parece un concepto mucho más interesante el de aprender. Los docentes no son la figura principal del proceso educativo, éste gira en torno al alumno/a y por lo tanto se aprende. La función del maestro/a es poner todos los medios para facilitar el "aprendizaje".
Pero como he dicho antes, en todos los momentos de nuestra vida estamos en un proceso de interacción, y el tiempo escolar es muy prolongado, por lo que estamos inmersos en una gran cantidad de estas interacciones, sobre todo con nuestros alumnos/as. Podemos y debemos aprovechar dichos momentos para que los intercambios sean lo más eficaces posibles, pero el intercambio tiene dos direcciones. Sin duda que nuestra experiencia personal, más que los conocimientos que hemos podido adquirir, ayudará mucho al aprendizaje de los alumnos/as que están con nosotros, pero no es desdeñable de ninguna manera, el flujo de experiencias de vida y emociones que los niños/as vierten en los maestros/as.
En este punto, es cuando muchas veces interrumpimos el proceso educativo, somos incapaces de bajar del pedestal en el que nos coloca la estructura social y desaprovechamos una oportunidad única para crecer como personas.
He comentado en alguna ocasión que un amigo del que aprendo muchísimo, sobre todo en todo lo referente a actitud ante la vida, es una persona con síndrome de Down y a pesar de ello, muchas veces pienso en la actitud que tomaría él ante una situación determinada, y me sirve de referencia.
Lo mismo que Sergio puede ser un modelo a seguir, determinadas actuaciones y actitudes de los niños/as pueden y deben ser imitadas. Es cierto que son personas con mucha menos experiencia, pero por eso mismo están mucho menos condicionadas por su vida previa, y la mayoría de las veces sus razonamientos, mucho más puros, nos ayudan a encontrar soluciones que nuestro condicionamiento previo no nos deja ver.
Situaciones de este tipo se ven muy claras cuando maestro/a y alumno/a se enfrentan por primera vez, los dos a la vez, ante una experiencia novedosa, el uso de Scratch por ejemplo.
Mientras que los menores son rapidísimos a la hora de familiarizarse con las estrategias que hay que utilizar para realizar una programación, los adultos nos estampamos contra el muro que suponen nuestras experiencias previas. Así que mientras que los niños/as adquieren las destrezas a una gran velocidad los docentes necesitan mucho más tiempo.
Esta realidad asusta a muchos maestros/as que se sienten inseguros en esta situación. Y es todo lo contrario, nuestra fortaleza está en la motivación, en ser el estárter que haga de motor de arranque del proceso, no tenemos que saber de todo, no tenemos que ser el referente siempre, todo lo contrario. Si además le hacemos ver al niño que tiene un dominio más amplio que nosotros en algunos campos, humanizamos la visión que tiene de nuestra figura, y nos ayuda a crear vínculos afectivos que son fundamentales para la generación de confianza. Cuando un alumno/a confía en su maestro/a es capaz de emprender tareas que en principio le pueden resultar insuperables.
Y si nos centramos en la figura del docente el enriquecimiento personal que obtiene es incuestionable, pero eso lo dejamos para otra entrada.