UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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jueves, 21 de enero de 2016

LOS GRANDES GOBERNANTES NO TIENEN MIEDO A LA INNOVACIÓN.

He intentado analizar los problemas organizativos, que me surgieron en un primer vistazo al borrador de Organización de Tiempos escolares del Gobierno de Aragón. Tras esta primera reflexión, nos hemos lanzado a realizar el proyecto, y en los comentarios que han surgido en nuestro colegio, hay uno que me ha parecido de gran interés.
Belén, una compañera muy comprometida con la innovación escolar, expresó el siguiente planteamiento:
"Una vez lanzados a romper estructuras, y dado que se da el paso más difícil que es romper con el paradigma y lo establecido, ¿no sería bueno ir un paso más allá, y organizar la jornada escolar por el aprendizaje de competencias y no el de áreas?" La verdad es que se me encendió una bombilla y me ilusioné con su propuesta. El maestro que tengo dentro, se sintió motivado con una futura realidad que encajaría mucho mejor con mi forma de actuar y de entender la escuela. Sin embargo, el gestor escolar, empezó a encontrar multitud de problemas administrativos a la propuesta. Tenemos que cumplir el Anexo IIIB, que hace referencia a la distribución horaria semanal, debemos cumplir un mínimo de hora impartidas en lengua inglesa, por seguir la normativa del British Council, etc.
La cuestión es que sufrí un ataque que podríamos llamar "dicotómico". Lo que el maestro quería, el gestor escolar lo rechazaba. No queda otra que cumplir con la normativa, y así el proyecto que hemos elaborado, cumple con los requisitos establecidos por la Administración. Pero ciertamente, es una pena, que no podamos tener una autonomía de centro, real y suficiente, para poder embarcarnos en una travesía de este calibre.
Sería algo estupendo, poder organizar el colegio con agrupaciones flexibles, que no tuviesen que ver con la edad de nacimiento, pudiendo juntar los grupos y docentes que considerásemos necesarios en los momentos adecuados. Poder trabajar interdisciplinarmente de forma real, organizándonos por las necesidades competenciales de los alumnos/as.  Poder llevar a cabo todas las experiencias que nos cuentan y que leemos, y nos ponen los dientes largos de envidia.
Con esto, no quiero decir que los centros puedan hacer lo que quieran sin ningún tipo de control, todo lo contrario, deberían estar expuestos a uno  mayor , más riguroso y cotidiano, por parte del servicio de inspección educativa. Deberían justificar sus acciones, y encuadrarlas en un marco principal, previamente definido y aprobado por parte de la Administración educativa.
Si un cirujano, descubre un nuevo método de operar, lo valida razonadamente y lo expone a sus superiores, ¿no resultaría chocante que no lo pudiese utilizar, porque los protocolos de quirófano no le dejasen?
Efectivamente la innovación requiere desafíos, incluso algún error, pero como he dicho muchas veces, la Administración educativa debería fomentarla.
Fomentar la innovación, no es proponer muchos cursos de formación con grandes pensadores. Fomentarla de verdad, es atreverse a retirar las barreras administrativas que no permiten dar saltos hacia adelante, que no dejan coger impulso para realizar un buen salto de longitud.
Los buenos gobernantes no son aquellos que no se atreven a realizar grandes cambios, por miedo a la pérdida de votos, eso se llama ser un gestor. Los buenos gobernantes son los que ven con preclaridad hacia donde va la sociedad, y se atreven a mejorar las condiciones para que ese avance sea lo más cómodo y rápido posible. Si sabemos que el camino es el adecuado, no hace falta que veamos el final, debemos coger impulso y adentrarnos en la niebla, hasta llegar a la claridad.



Imagen: http://enfocandoaalba.blogspot.com.es/