UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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lunes, 7 de diciembre de 2015

¿QUIÉN EVALÚA A LOS MAESTROS/AS?

Entramos de lleno en lo que los maestros/as llamamos un periodo evaluatorio. Dentro de poco la dinámica semanal se va a llenar con las reuniones de evaluación, y es una vorágine de notas y calificaciones. Son épocas de gran actividad en los colegios.
 Sin embargo, a mí no me parece la evaluación más importante, creo que la del profesorado debería ser prioritaria. ¿Pero quién la realiza? Ese es el quiz de la cuestión. España es uno de los pocos países del mundo donde una vez superado el proceso de entrada a la función pública, y con tu puesto de funcionario/a, no tienes que rendir cuentas, ya en  ningún momento, sobre tu capacitación profesional. Es verdad que debes acreditar unas horas de formación cada seis años para acceder al complemento salarial, pero también es verdad que con acreditar haber recibido la formación, sin necesidad de demostrar que la has llevado a la práctica en tu quehacer profesional, es suficiente, lo que lo convierte en un mero trámite.
Cuando en los claustros se comenta este tema, surge siempre la polémica sobre quien debería ser la persona encargada de realizar esta evaluación de la función docente, que si es alguien cercano pueden aparecer las fobias y filias personales, y si es alguien lejano, su desconocimiento de lo cotidiano, sería un factor negativo para enjuiciar una buena labor.
En realidad sistemas de evaluación hay muchos, si hay personas que me leen desde América, seguro que están sorprendidas de que en España no haya ningún tipo de evaluación del maestro/a, allí los hay en todos los países, más o menos duros, pero en todos tienen que pasar un control sobre la realización de su trabajo, y en algunos países como Bolivia, de forma muy estricta, pudiendo suponer la pérdida del puesto docente.
Como decía, se implementan muchos sistemas de control de la práctica docente, a mí el que más me gusta es el de la realización de un portafolio, al estilo de Chile, donde además de diseñar e implementar una unidad pedagógica, la evaluación final de la misma y una reflexión sobre el quehacer profesional, se presenta un video con la filmación de una clase y una ficha descriptiva de la misma.
El hecho de tener que prepararse para superar dicha prueba, obliga al maestro/a a  estar preparado para las nuevas necesidades que la sociedad demande. No vale  amoldarse a una situación personal que esté en nuestra zona de confort, no vale el siempre se ha hecho así. Además lleva acarreada una mejora diaria de nuestra práctica docente, puesto que la reflexión necesaria para mejorar nuestro trabajo, no se demuestra en un día y vuelvo a lo anterior, sería de profesionales necios.Cuando nos hemos formado y reflexionado, llevamos mejoras a nuestra labor profesional, no lo hacemos para cubrir el expediente.
 Si nos formamos para intentar una mejora del sistema, y poderlo demostrar en la realización de un portafolio, no lo hacemos sobre una situación ficticia, como es en la oposición de acceso a la función pública, sino que lo que presentamos es nuestro trabajo diario, sin fabulaciones ni hechos inventados, estamos plasmando nuestro verdadero trabajo.
Dicha evaluación es la que tendría que venir asociada al cobro del complemento salarial, así no sería necesaria la acreditación de horas de formación, dicha formación viene reflejada en la mejora del proceso pedagógico, y esto se ve en el portafolio presentado.
Quizá sería necesario aumentar el número del cuerpo de inspectores, o quizá deberíamos pasar de la realización de otro tipo de evaluaciones, que se quedan posteriormente en una simple estadística, y que se realizan simplemente para salir del paso, sin ningún tipo de consecuencia posterior. El año pasado sin ir más lejos, tuvimos que pasar una evaluación del centro que nos llevó muchísimo tiempo, tanto a nosotros/as como a nuestra inspectora y que al final no ha sido otra cosa que papel mojado, puesto que se basaba simplemente en la elaboración de un montón de cuestionarios por parte de toda la comunidad educativa, pero donde se pedían tan solo opiniones personales sobre algunos temas, temas que a veces trataban sobre programas que no estaban implantados en el centro. Si la inspectora en lugar de ocupar su tiempo en esta labor, un poco absurda, lo hubiese dedicado a la revisión de portafolios de la función docente, hubiese sido mucho más provechoso.
Una vez más no se trata de tener más recursos, sino de emplearlos de una forma más eficaz, y es una cuestión de gestión.
Podemos pintar rostros en un plato de frutas, pero si nos evalúan sobre ello, no vale con la que pasamos hace veinticinco años, deberíamos acreditar que todavía somos capaces de realizar estas decoraciones.