UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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lunes, 16 de noviembre de 2015

¿ES VALIOSA LA FORMACIÓN PERMANENTE DE LOS DOCENTES?

Lo primero que me gustaría comentar es que pertenecemos a un cuerpo donde la mayoría de las veces nos formamos fuera de nuestro horario laboral, muchas veces a costa de nuestros recursos, y que casi siempre el beneficio revierte en nuestros colegios sin ningún tipo de recompensa, ya no monetaria,  tampoco personal.  Me refiero a aquellos maestros/as que acuden a los cursos de formación con un propósito de mejora, con un entusiasmo vocacional, lejano a la consecución de créditos que nos avalen la consecución de un sexenio laboral, que es la motivación de un segundo grupo, que además resulta ser el más estereotipado.
Es importante hacer esta aclaración. Puesto que muchas veces, al generalizar, confundimos las dos motivaciones y ya no es que no se parezcan, es que son diametralmente opuestas.
La administración inventó, hace ya bastante tiempo, el complemento de formación permanente. Pensaba que si suponía una mejora de sueldo, aunque sea una pequeña cantidad, motivaría a los docentes en una formación que se reflejaría en la mejora en las aulas. Pero sin un seguimiento adecuado, se ha convertido en un mero trámite, que han de pasar los maestros/as para acceder a esa mejora salarial, que se obtiene, sea cual sea la plasmación de esa formación obtenida, en las aulas. Más importante debería ser este seguimiento si pensamos que muchos de los profesionales que se forman bajo esta única motivación, acuden a los CIFEs como el paso de un peaje, pero sin ninguna intención de que los conocimientos que le van a aportar supongan un cambio metodológico en su quehacer diario.
Sin embargo los motivados por actualizar realmente su labor en las aulas, acuden la mayoría de las veces a costa de su esfuerzo, su tiempo y su dinero,  se forman en  cursos muy concretos o formación muy especializada, sobre temas que ya dominan y que ponen en práctica como perfeccionamiento de  su labor diaria.
Curiosamente, a la hora de hablar de la formación docente en España, se piensa siempre en el primer tipo de maestros/as a los que me he referido y nunca en el segundo. La administración tuvo una buena idea con la vinculación de parte del salario a la formación, pero como casi siempre, no pensó en una evaluación del sistema que ayudase a mejorarlo, y evitar que se enquistara en un procedimiento administrativo sin más. No se preocupó de hacer un seguimiento pedagógico, y eso que le suponía y le supone una fuerte inversión económica.
Dejó otra vez, y van muchas, la consecución de resultados al "voluntarismo" de los docentes, pero no quiso pensar en premiar a los que lo hacen más eficazmente, cayó en el "café para todos" que no solo no motiva a los mejores a seguir por el camino que se han trazado, sino que también profundiza las malas prácticas profesionales.
Si la administración a través de los centros de formación de profesores, gasta un dinero en formar a los mismos, y los maestros/as han acudido de forma voluntaria a esa formación, debería hacerse un seguimiento de las dificultades y de los logros que se han obtenido con la puesta en práctica de lo aprendido por los docentes. Si  no se ha logrado una mejora en la práctica educativa, mejor dicho, si no se ha intentado, esa formación ha sido inútil, solo supone una pérdida de recursos que en estos tiempos no podemos permitirnos.
Si un docente recibe una formación a costa de la administración, sería lógico que hubiese un sistema de feedback desde donde se pudiese evaluar los resultados que ha tenido dicha formación, y las razones por las que no se han llevado a cabo en caso de no hacerlo, podría haber argumentos valiosos para no implantarla. Pero así nos quedamos a medias, solo sabemos la gente que ha acudido a los cursos o seminarios, pero no sabemos la incidencia en la mejora del sistema.
 Si no somos capaces de acceder a estos datos, de mala manera podremos mejorar la función docente a través de la formación de los maestros/as. Creo que es una información que ayudaría y mucho a mejorar tanto la práctica docente como los planes de formación.
Otro apartado podría venir por la elección de los campos en los que debe formarse el claustro de un centro, conozco casos donde los maestros han recibido cursos de taichí, pero no para aprender a trabajarlo como una unidad didáctica en E. Física, sino como curiosidad y una forma de adquisición de créditos. Debería ser el servicio de Inspección quien valorando las carencias de los diferentes centros, plantease unas necesidades a cubrir, con una obligatoriedad en la subsanación de las carencias, que también debería ir ligada al complemento de formación permanente. Creo que no es ninguna idea descabellada, eso sí deberíamos romper algunos moldes para poder llevarla a cabo, y eso es tan difícil...