UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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miércoles, 22 de abril de 2015

ALUMNOS/AS CON PROBLEMAS: SÍ, LOS QUEREMOS.

A nuestro colegio suele venir alguna que otra matricula en periodo extraordinario, esto se debe a que justo al lado tenemos unos bloques de alquiler social y cuando a una familia con problemas le ceden una de estas viviendas, suele acarrear un cambio de colegio.
Como es de imaginar son familias que arrastran alguna que otra problemática, siempre de índole económico, y casi siempre además de otro tipo, bien social, bien cultural o ambas a la vez. La llegada de estos alumnos/as a mitad o incluso a final de curso conlleva  unas dificultades de adaptación bastante importantes, y a consecuencia de las mismas, problemas de convivencia. Nosotros antes protestábamos por esta circunstancia, nos quejábamos de la mala suerte, por la carga de trabajo, que representaba su llegada . Ahora lo vemos con otra perspectiva, bastante problema supone el tener que conllevar la situación familiar, para que además, no se reciba cierta dosis de apoyo por parte del colegio. Eso sí, ese apoyo no es a cambio de nada, las familias deben comprometerse a una buena relación con el centro, además de a asumir y compartir las decisiones que se tomen desde el mismo.
Así, cuando llega una familia nueva, la directora se reune con los progenitores y les explica las características del centro, les comenta las normas, y se pone a su disposición, a la vez que les ofrece el apoyo de la red social que tenemos detrás. Simultáneamente les pide su compromiso hacia los valores que sus hijos van a recibir por nuestra parte y los apoyos escolares que les vamos a ofrecer si los necesitan, advirtiéndoles que son revisables, y que solo se mantendrán en el tiempo, si cumplen con la parte del compromiso que les corresponde.
Se dan casos de niños que han necesitado algo tan fundamental como unas gafas, inmediatamente la directora ha movido los hilos para conseguir que el alumno/a pueda disponer de ellas a través de las ONGs que nos apoyan, o de las diferentes iniciativas que el colegio mismo promueve para paliar estas situaciones. La familia comprueba al instante que no nos quedamos en palabras, sino que nuestro compromiso se basa en hechos. De esta forma ya no se van a acercar al centro con tirantez ni resquemor, todo lo contrario, lo van a sentir como algo próximo que busca el bien de sus hijos/as, incluso cuando no les guste lo que debemos decirles. Así las tirantes entrevistas con algunos padres de antaño han pasado a ser un desagradable recuerdo.
De la misma forma que nos presentamos con un rostro amable, a la vez nos mostramos inflexibles ante las primeras faltas de conducta, no transigimos con ninguna, por muy nuevo que sea el alumno/a. No podemos crear en los niños la falsa imagen de que por su problemática social podemos dejarles pasar las primeras faltas. Como la familia comprueba nuestras buenas intenciones y nuestro afán colaborador, es más fácil el que sumen en la corrección de las conductas anómalas y no interfieran negativamente en la convivencia del colegio como ocurría antiguamente.
Gracias a esta política de querer ayudarles, pero a la vez de que entiendan el buen uso de las normas, apoyados por nuestra aula de convivencia, hemos disminuido en un gran porcentaje los problemas que nos acarreaban las familias desestructuradas que nos llegaban con el curso iniciado.
Es más, el centro se plantea estas situaciones como un desafio didactico y ahora cuando llegan estas familias ya no las consideramos como un castigo, sino como un bonito reto educativo. Estamos creciendo, y no solo crecemos ganando premios en el bilingüismo, crecemos también haciendo disminuir la problemática educativa de estos alumnos/as con dificultades sociales. Ese es nuestro reto y lo asumimos  con entusiasmo.