UNA PEQUEÑA APORTACIÓN DESDE MI HUMILDE EXPERIENCIA, SOBRE COMO SE PUEDEN INTENTAR SOLUCIONAR LOS PEQUEÑOS PROBLEMAS DIARIOS QUE SE PRODUCEN EN LAS ESCUELAS.
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viernes, 26 de diciembre de 2014

YO TAMBIÉN FUI A EGB

Es el título de uno de los libros de moda, incluso han editado ya una segunda parte. Está dedicado a los treintañeros y cuarentones y explota la nostalgia de aquellos maravillosos años, narrándonos como pasó. Pero en realidad, si lo pensamos bien, los veinteañeros podrían utilizarlo, puesto que yo tengo la teoría de que muchos de ellos, sin saberlo, cursaron EGB. Y es que la reforma que se puso en marcha en  1970 sigue en vigor en muchas aulas de nuestro país. Por supuesto que no nominalmente, ni jurídicamente, pero sí metodológicamente; muchos maestros/as siguen actuando según los parámetros de entonces, han ido adaptando la terminología en los papeles, pero  nada más. La célebre frase de SIEMPRE SE HA HECHO ASÍ.
Ayer estaba viendo una película de animación, no muy buena por cierto, que se llama "Los Croods", en un momento determinado les surge la posibilidad de hacer algo nuevo, entonces forman un círculo impenetrable, y mirando hacia el interior gritan como posesos "LO NUEVO ES MALO, LO NUEVO ES MALO". Ese grito atruena en muchas aulas de nuestros colegios.
La ley del 70 triunfó por que no dio opción a los maestros/as a continuar con lo anterior, exigía un cambio metodológico o la cantidad de trabajo que había que hacer para continuar con métodos anteriores era demasiada, por lo que merecía la pena la adaptación. Ese creo que fue el fallo de las posteriores reformas, permitían una adaptación nominal. Sí, había que realizar un montón de documentos pedagógicos, pero con la ayuda de Oficce y de las Editoriales, se podía utilizar el corta y pega, con lo que poníamos la careta delante, pero detrás seguimos con la comodidad de lo habitual.
Dije en la entrada anterior que veo muchos déficits a esta reforma, pero sin embargo observo una gran virtud que tuvo también la de Villar Palasí, obliga a cambiar la metodología de trabajo, puesto que si quieres continuar con cambios meramente coyunturales el agobio que se puede producir a la hora de calificar es de órdago a la grande.
Por ello hay que facilitar la labor a los docentes, hay que darles herramientas técnicas que agilicen lo que sea mecánico, para que  puedan centrarse en lo que es didáctico, en lo que hace que los niños/as tengan una mejora en su aprendizaje. Pero por otro lado los maestros no pueden permanecer inmóviles amparándose en el peso de lo burocrático, es algo en lo que tienen razón, pero que muchas veces no ha dejado de ser una excusa para argumentar la comodidad del inmovilismo.
 Hagamos entre todos la escuela del siglo XXI; la administración debe convencer que no imponer a sus docentes, y éstos tienen que mirar hacia el mundo en el que viven y poder preparar a sus alumnos/as para que sean los motores de una sociedad mejor.